El metal nacional se tomó el Teatro Teletón con la reconocida obra relatora de la vida de Jesús

 

Tras tres años de espera, nuevamente la ópera rock de Jesucristo Metalstar volvía a los escenarios con un repertorio mejorado y algunas escenas renovadas, lo que nos demostraba la preocupación y profesionalismo de querer ir mejorando y creciendo con cada versión.

 

Viernes 19 de abril de 2019
Teatro Teletón, Santiago

El show comenzó tan solo unos minutos pasada las 21:00 horas, en donde como en cualquier recital, primeramente se apagaron las luces manteniendo a cada espectador ansioso por que la obra comenzara. Los músicos, América Paz (bajo), Francisco Urrutia (guitarra), Cristian Reyes (guitarra), Mauricio Eyzaguirre (teclados) y Hillsthsson Miranda (batería), se posicionaron en la parte alta de la tarima para dejar que abajo ocurriera la acción, además de asombrarnos con sus grandes habilidades en sus correspondientes instrumentos.

 

Algunos de los bailarines salieron con overalls blancos simulando estar en una protesta mientras las cuerdas marcaban el sonido y la pantalla nos mostraba algunos registros de estas mismas marchas, para que nos hiciéramos la idea de que el musical es más contemporáneo, sin la vestimenta típica, sin las voces típicas, pero sí las melodías originales. Jesús, interpretado una vez más por Rodrigo Galáz, hacía su aparición junto al cuerpo de bailarines y cantantes.

 

Hubo vestimentas bien elegidas, rudas y hasta en algunos casos adaptadas (como en la vestimenta de los cheerleaders), de hecho, era genial ver cómo cambiaban sus trajes de manera tan rápida para entrar en una nueva escena. La calidad vocal también estuvo muy presente y de lujo. María Magdalena (interpretada por Danna Sánchez) por ejemplo, se robó los aplausos con su entonada voz tanto en los limpios con en las partes más crudas. Lo mismo para Jaime Salva, quien tenía el papel de Judas, una voz afinada y un fiato con su personaje que estaba más que bien desarrollado. Simón Zelotes (Felipe del Valle) y Pedro (Angelo Cancino) también se hicieron presentes con sus cantos y buena actuación.

 

Pilatos, jugado por Cristian Farías, era otro de los que se robaba las miradas, desarrollando su gran calidad vocal sin mayor esfuerzo ni dificultades, es algo que uno siempre ha de notar y apreciar. Lo mismo con Herodes, de Rubén Hormazábal, quien siempre juega con estos modismos chilenos y lo más cotidiano, interactuando con el público, e incluso tomándose una selfie con sus compañeros del circo. Aunque sin dudas, y en dónde todos estaban un tanto estupefactos tras cada aparición, fue con Anás (Víctor Escobar) y Caifás (César Vigouroux). Caifás, por su parte hizo un cambio vocal, con un tono más operático que era algo muy agradable para nuestro oído. Y no solo fue por sus voces, si no también por sus vestimentas, ya que al interpretar el mal, sus trajes enmarcaban el más puro black metal, caras pintadas, cadenas, bototos y remaches puntiagudos eran parte de los personajes, que tenía a los más pequeños con un tanto de temor.

 

El cuerpo de bailarines no se queda atrás, y es que en muchas oportunidades nos sorprendieron con sus saltos y piruetas aéreas con una complejidad en donde uno esperaba que nada malo ocurriera, algo que claramente ellos saben manejar muy bien. Desempeñaron sus papeles entre los fieles seguidores de Jesús, desconfiados pueblerinos, leprosos y hasta nos mostraban los pecados tales como la lujuria, con sensuales coreografías y vestimentas por parte de las féminas.

 

La obra nos relata de manera breve y en casi dos horas, la vida de Jesús, como nombré anteriormente, de manera más actual, más moderna y con el lado rockero que a varios nos gusta de Semana Santa, el Superstar, a pesar de nuestras creencias personales, porque una obra bien desarrollada debe siempre ser reconocida más allá de nuestros propios pensamientos, y es lo que acá han querido representar, una obra musical cargada a la potencia que ya cumple 15 años en nuestro país.

 

Aunque debemos reconocer que hubo algunas dificultades técnicas, como en el micrófono de Anás, quien estuvo algunos minutos sin poder cantar su parte, pero que profesionalmente continuó sin tapujos. También, algunas de las escenas cambiadas fue la crucifixión de Jesús, era una postal increíble ver esta parte de la obra a un contraluz que nos demostraba la tristeza tras la muerte del hijo de Dios, pero al estar en la parte de arriba y muy atrás, me quedo con la duda si es que esto era bien visualizado por las personas que se encontraban al final del teatro. Esto no lo digo con el afán de criticar, si no más bien para considerar (aunque no tengo ciencia cierta ya que no estuve en la ubicación).

 

Para finalizar, estas cuatro fechas fueron todas bien recibidas, con variado público y quizás otros que se repetían el plato en ambos días, y es que la buena ejecución, la confianza y buena onda entre todo el elenco era algo de notar en el escenario, y más después del show, así que, con un equipo así, da gusto ver como las cosas funcionan, y por esto mismo, esperamos que Jesucristo Metalstar se vea más seguido, ya que siempre será agradable de presenciar para esos días de religiosidad o descanso, etc.

 

Texto: Andrèe Sepúlveda
Fotografía: Mauricio Villarroel