La Batuta se transformó en un bar de New Jersey repleto de rock sin mayores pretensiones que el disfrutar el sonido de los riffs afilados y los tambores en llamas.

 

Domingo 09 de abril de 2017
La Batuta

La tarde santiaguina de domingo cerraba tibia cuando las personas comenzaban a acercarse al tradicional lugar del rock en Plaza Ñuñoa. Lo tibio del ambiente parecía acoplarse a los que llegaban puntualmente para escuchar primero a los nacionales Kayros– agrupación proveniente de Concepción – que abría los fuegos de aquella tarde/noche de abril. El inicio de los penquistas fue un poco accidentado; durante toda la primera canción no sonó nunca la segunda guitarra hecho que tenía nervioso al propio guitarrista y voz del grupo, durante el transcurrir de los minutos las condiciones mejoraron y dejaron todo de sí para compartir su propuesta de Stoner Rock a la chilena, con fuerza, energía y pasión que les ayudó a sobreponerse a las dificultades técnicas. Aprovecho de destacar el virtuosismo de Leo Mantis, el baterista de Kayros, siempre es grato escuchar a alguien que se toma en serio la percusión. A las 21:00 se cerraba el show de los penquistas y abría paso para que entraran unos humildes y bajo perfil The Atomic Bitchwax.

A las 21:15 horas, se suben al escenario los músicos de New Jersey; Chris Kosnik (bajo y voz principal), Bob Pantella (batería) y Finn Ryan (guitarra solista y segunda voz). Los tres miembros, cabe destacar, sin mucho apoyo externo subieron ellos mismos al plató a poner sus instrumentos a punto, a revisar los amplificadores, afinar e incluso hubo una demora en el inicio por algunas dudas que le quedaban con el sonido al bajista de la agrupación estadounidense. A las 21:20, comenzaban a sonar los primeros riffs que transportaron a los asistentes que llenaban el local al hard rock de los 70’, solos de guitarra, energía y pasión. Luego de la primera canción, Finn Ryan levantó una botella de Whisky con la que brindó con el público que acercaba sus latas de cerveza a la botella de aquel etiqueta negra. La química entre los músicos es algo destacable, con los tres el –pequeño– escenario de Ñuñoa yacía repleto y el público se encontraba completamente envuelto con la pasión, la nostalgia y la fuerza de un Stoner Rock con remembranzas psicodélicas. El show fue correcto y la mayoría de la audiencia lo disfrutó de esa manera, los puntos altos fueron las canciones ‘It’s Alright’ y ‘So Come On’, donde el público coreo y participó de este verdadero “viaje en el tiempo” a las raíces del rock de los 70’. Otro momento especial fue cuando Finn Ryan se subió al escenario antes de comenzar con el encore a tocar un breve cover de la canción ‘Pigs on the Wing’ de Pink Floyd, la que fue ampliamente coreada por los presentes.

El público disfrutó de The Atomic Bitchwax, una agrupación cercana, apasionada y humilde. A la salida del recinto no había más que caras satisfechas y sonrientes luego de un show impecable que encendió la fría tarde–noche de un domingo de abril en la que, La Batuta se transformó en un bar de New Jersey repleto de rock sin mayores pretensiones que el disfrutar el sonido de los riffs afilados y los tambores en llamas.

Larga vida al rock!

Texto: Matías Hermosilla
Fotografías: CQ Photographer