Viernes 02 de diciembre de 2016
MIBAR

La responsabilidad de abrir la noche, estuvo a cargo del periodista y músico Andrés Cuneo, para entregarnos un buen resumen de lo que es hoy su proyecto Soul Robots. Ataviado solo con la simpleza de su guitarra y su voz; se encargó de demostrar la gran clase de que goza, logrando generar sendos aplausos del público que de a poco iba poblando el segundo piso del local de Santa Isabel. Un show austero, aunque de gran calidad y ciertos pasajes que legaron a la emotividad.

Ignacio Inder, nos brindó una gran actuación, siempre de la mano de sus virtuosos músicos (Hernán Espinoza en batería y Paulo Valverde en el bajo), que aclaró, ‘son mis amigos, no mis esclavos’, y que se complementan a la perfección con la propuesta del guitarrista. Tanta fuerza es la que presenciamos que hasta la batería tuvo momentos de efervescencia notables, desplazándose de su lugar como escapando de los duros y precisos golpes que le asestaba Espinoza. Un verdadero acorazado en los tambores.

Con una primera parte que fue una fusión de energía, bajo el pulso del bajo de 5 cuerdas, con cortes como «Chaos Priori», «Elephant» o «Mountains» en la que, basado en su interpretación, nos queda clara su experiencia con ellas y su conexión con la tierra. Le siguieron «Personal», «Mum», escrita para su madre, y cerraría esta primera descarga con «Donut» y «Videogame Mind».  La segunda parte llegó tras una larga pausa y se caracterizó por un set más calmo en el que Inder tomó la labor del canto, mientras que Vergara lució un bajo de cuatro cuerdas tradicional. Además del cambio de vestuario del trío, se pudo ver a un baterista más contenido. «Paradise» inició este segundo periplo que continuó su curso con «You». Ignacio sabe muy bien como generar entusiasmo, como cuando en «Seattle» pidió palmas a la audiencia, las que retribuyó con un conmovedor y extenso solo, elegante y vistoso, La batería continuaría resbalando por la humedad del entarimado como si cobrara vida a cada latido.

El tercer acto marcó el retorno del bajo de 5 cuerdas en manos de Valverde, la guitarra de 7 cuerdas de Ignacio y el regreso de Espinoza a su hábitat tras la batería, con el tema “Hurry”, el que trata acerca de ‘apurarse y tomar las decisiones antes que mueran los bosques y la Patagonia sea vendida’, en un discurso que el músico lleva adherido a la piel desde siempre. Luego dedicó las más duras palabras a los que están generando odio contra los migrantes o los que subastan el país, con la potente “Fuck You”. La sorpresa de la noche, llegó con la enérgica interpretación de su versión del clásico de Judas Priest, «Painkiller»,  en la que les acompañó en voz el tremendo cantante osornino Carlos Molina, quién saltó al escenario impresionando a los presentes con su entrega. Ya finalizando su presentación, Inder regresa a la guitarra de 6 cuerdas y nos brindó los tintes guturales de su voz para despedir una excelente noche con la que llamó jocosamente ‘Los Pollitos dicen Pio Pio Pio’ .

Un correcto marco de público el que asistió a una calurosa noche de viernes que estuvo siempre matizada con el inmenso virtuosismo de la banda y con un enorme poderío sonoro.

Texto: Cristián Carisma
Fotografías: Negra Ho