Teatro Teletón

Sábado 26 de marzo de 2016

El montaje de Jesucristo Metal Star 2016 superó en muchos aspectos a sus antecesoras; en continuidad entre canciones, sonido, nivel de actuaciones, calidad de vestuario, iluminación, uso de multimedia, emoción y espectacularidad. Tras una larga espera, se pudo materializar un merecido retorno a los escenarios de esta poderosa obra musical adaptada por músicos chilenos a puro corazón. Se definió que fueran cuatro actuaciones en Teatro Teletón, el que se vistió de gala, tras su remodelación, para albergar a todos los artistas que estarían a cargo de un show completamente a la altura de la ópera rock de Webber y Rise.

Asistimos a las últimas dos presentaciones, de las que destacó, por su perfección en todos los puntos, la de las 21:00 horas. Emocionante puesta en escena para un público que estaba conformado por niños, jóvenes, adultos y personas de tercera edad, quienes disfrutaron de un espectáculo que contó con una poderosísima súper banda sonando como cañón, a cargo de Francisco Urrutia y Cristián Reyes en guitarras, América Soto en bajo, Hillthsson Miranda en batería y Mauricio Eyzaguirre en teclado. También la audiencia, pudo deleitarse con el trío protagonista de la obra, que se lució de manera brillante;  Rodrigo Galaz en el papel de Jesús, en que consiguió una de las interpretaciones de “Getsemaní” mejor logradas de su carrera con la compañía. Jaime Salva, con su histriónico Judas, demostró una calidad dramática y vocal sobresaliente en todas sus intervenciones, y la cantante Fabyola Power, que con su belleza y calidad vocal, se encargó de ser una convincente María Magdalena, sobretodo en “Es Más Que Amor”.

Imposible dejar de mencionar los papeles secundarios – aunque no menos importantes – que estuvieron a cargo del debutante Cesar Vigouroux como Caifás y Víctor Escobar en el papel de Anás, los que se robaron la película en «Jesus Morirá», siendo ambos de los personajes más ovacionados. Algo similar sucedió con Felipe del Valle, en «Simón Zelotes», el que arrasó con su extraordinaria interpretación. Cristián Farías en el papel de Pilatos, se encargó de dejar en claro sus grandes dotes actorales y vocales e incluso presentó una renovada y pesada versión de la canción «Sueño de Pilatos», recibiendo merecidos aplausos del público. Otro punto fuerte estuvo de la mano de Herodes, personificado por Rubén Hormazabal, quien sorprendió con una performance más humorística, incluso saliéndose de personaje, en una hilarante nota final. Ángelo Lande como Pedro, también logró un gran cometido en las “Negaciones..”. Todo lo mencionado, no habría sido posible sin los actores, extras y un cuerpo de baile, que con sus acrobacias al límite, nos tenían con el alma en un hilo cada vez que las chicas volaban por los aires.

Lo más rescatable de este JMS 2016, es lo creíble que fue la materialización de una obra que la mayoría de la gente conoce, más se actualizó sin perder el dramatismo épico que contiene la original. El trabajo de estos artistas nacionales fue riguroso, respetuoso y, por sobre todas las cosas, entregado con cariño hacia la audiencia que pagó su entrada para ver un espectáculo de altísima calidad; y vaya que lo fue. Una labor sobresaliente de toda la compañía, que emociona no solo al que está sentado en las butacas, sino que también al elenco que, al finalizar su cuarta y última presentación, estalló en un intenso grito – que estuvo contenido por meses  – mientras se abrazaban afectuosamente, generando una postal conmovedora que nos transmitió la satisfacción de haber hecho bien las cosas. Demás está decir que esta ópera Rock, tiene el deber de continuar su legado; un trabajo realizado con tanta pasión, no puede quedar relegado al baúl de los recuerdos en que estuvo guardado por tanto tiempo. Ahora, la palabra la tienen los mecenas que pueden inyectar el metálico que se requiere para no incurrir en pérdidas.

Fotografías: Mauro Villarroel

Texto: Cristián Carisma