Lee nuestro review y revisa la galería del show de Tierra Santa en Chile junto a los nacionales Alto Voltaje.

 

 

 

 

 

 

Inicia la jornada puntualmente a las 19:00 hrs con la banda nacional Alto Voltaje, tocando 8 de sus mejores canciones: Despierta, Ruda y sexy, Adiós a la fábrica, Agonía, El gran peón, Rock y burdel, Rocker y por último su tema homónimo como cierre del show.  Fue una presentación en la que si bien el público quedó pidiendo más, fue disfrutado y vivido con toda la energía que Alto Voltaje entrega en cada show, temas que fueron coreados, gritados y cabeceados en los alrededor de treinta minutos que duró el show, un reconocimiento al trabajo nacional, a la calidad y puesta en escena de la banda, que cabe destacar, no ha dejado de luchar a lo largo de su carrera por lograr que las agrupaciones nacionales tengan el espacio y reconocimiento que merecen. Luego del tema Alto Voltaje, llegaba la hora del «hasta pronto» (esperamos que nunca llegue la hora del adiós), un buen show que nuevamente deja en claro que a las bandas chilenas no les falta nivel para adueñarse de un escenario como el del Teatro Caupolicán. A las 19:30 hrs comienzan los preparativos para la mítica banda hispana.

 

Tremenda noche nos hizo vivir la banda española Tierra Santa celebrando suTour “Gira Esencia”. Su show comenzó  19:55, un poco antes de lo que estaba premeditado. La fuerza anímica con la que entró al escenario no había sido vista en Chile, con el bajo y las guitarras en manos de Roberto Gonzalo, Ángel San Juan y Arturo Morras, un David Karrika de un brinco llegó a baterías y Juan San Martín con las manos sobre las teclas dan el puntapié inicial con “Séptima Estrella”, demoledora y muy oportuna como una antorcha en la obscuridad de la noche, las luces del escenario se encienden como fuegos entintados de rojo, naranjas y amarillos. El público grita sin tregua la apertura, así como corea por completo la letra de este tema de antaño, que vio la vida por el99’. Con la energía a flor de piel, vamos inmediatamente con “Indomable”, que demostrando un power metal más rápido, con 12 cuerdas afiladas y avasalladora de principio a fin. Los españoles muestran sus respetos al público y les indican que tocarán otro clásico “ungido en la SANGRE de REYES”; tonos muy rocanroleros a la vez que un power metal más clásico influenciados entre si –propio del estilo español- sonó esta melodía investida dorados, púrpuras y azulinos soles suenan en conjunto al clamor de los asistentes que, como fieles vasallos, actúan al son de la música, finaliza la música y proclaman “Tierra Santa, Tierra Santa”. El quinteto se sobrecarga de los aplausos del público.

 

Haciendo un quiebre musical en lo que lleva la banda Riojana, plasman como jinetes una canción más hard rockera llamada “Apocalipsis”. Continuando aún más con las rupturas musicales, comienza el sinfónico tema “Mi Nombre Será Leyenda” que posteriormente continua con una curiosa melodía coral –sobre todo- muy símil a las canciones de rock latino de los ochenta, WOW, estos tipos sí que saben escribir con puño y letra un espectáculo.  Sigue la marcha medieval por temas de ayer y hoy, y como se adscribe a su melodía oriunda de hisperia, las creencias y la música no se deslindan tal como en el relato musical llamado “El Azote de Dios”. Los músicos caballerescos cesan las melodías, dejan una pausa para agradecer a “este público tan bello que tenemos hoy, gracias por estar una vez más con nosotros y apoyarnos. Nosotros nos propusimos hace años que volveríamos estar aquí, gracias”, “Hay un ser que lo sacrificó todo y continuará navegante por el mar: es La Leyenda del Holandés Errante”,  añade  Ángel San Juan. El público se distorsiona ante la narración triste de Wille van der Decken a través de  baladesca canción de Tierra Santa. Seguimos con los malditos sin rumbo, ardiendo como flamas de mal “La Sombra de la Bestia” no da tregua a los oyentes de esta noche dominical.

 

Y como una excusa para tanta rítmica feroz, heavy metal a la vena, con el corazón maldito y dispuesto como “Otelo”. El clamor de los asistentes no puede dar más, pero su frontman nos dice “este es un clásico que se ha robado el corazón de todos, uno que no podemos dejar de tocar jamás, y así como ella fue cubierta de llamas, su corazón nunca pudieron quemar”, se armó la fiesta; se desató en un desparpajo de gritos; felicidad y coros en el clásico de esta banda llamada “Juana de Arco”, todos quedamos rendidos a la voluntad de las guitarras, aparecieron niños sobre los hombros de sus padres y como un festival de corales la noche ardió más que cualquiera. El fuego se propagó para continuar con este desmadre para armar una senda de “Caminos de Fuego”. No hay ni punto seguido dentro del show ni pausa alguna y los músicos dicen Moriré siendo “Libre”.  Se ocultaron las luces yen la noche alumbró como una estrella Pegaso”. Volvemos al power metal -sin interrupción- y nos sentimos pequeños frente a la gigantesca masa coreando “David y el Gigante”.

 

Se bajan las luces del Teatro Caupolicán para dar paso a otra balada, pero no cualquiera, una oda al vivir llamada “Más Allá de la vida”, antes de comenzar con la canción, se debe interrumpir el inicio, ya que falla la  guitarra  y tiene que arreglar la situación con los backline rápidamente para continuar el tema medios averiados. Y como un himno –luego de este infortunio y como si todo estuviera planificado- suena “Mejor morir en Pie”.

 

Y nos transportamos a oriente medio, con tonos arabescos, inciensos y rituales de momificación antes del umbral sonoro que mantiene con vida a “La Momia”; continuamos en los mismos tiempos ambientados por el metal, pero con historias romanas como es “Nerón”. “Juventud perdida” es una canción que logra una instancia íntima entre los músicos y el público, que no dejaron indiferente a nadie.  Extrañeza  provocó la canción que viene a continuación, la versión estudio no es tan potente como la interpretan en vivo y fue gratamente recibida por los fans, me refiero a “Héroe”.

 

Cambian la noche absolutamente con el estrépito que generó en los corazones de las personas con “Alas de Fuego”, los llevó a surcar con saltos y masa de personas abrazadas alentando a los músicos como si el espectáculo hubiera iniciado recién, cantos muy enérgicos al son de las cuerdas, las percusiones y las teclas atmosféricas.

 

Nuevamente volvemos a tierras con texturas de arenas esclavizadas por un imperio tan cruel, hablamos de “Reina de Egipto”. Y ya comenzando a despedir el espectáculo con una canción que a todos nos emociona, altera y –por qué no decirlo- nos coloca maniacos, la adrenalina fluye por nuetras venas hasta el cerebro en el momento que Ángel San Juan señala: “esta canción nos ha llevó hasta lo alto, es una de esas canciones que no podemos dejar de tocar jamás, es EL BASTÓN DEL DIABLO”.

 

Y siguiendo con la cruzada medieval, se tomó el escenario “Legendario”, voces crudas, riff potentes y coordinados, bajos duros y batería marcadora de compás.

 

La banda española errante, como filibusteros de la mar musical, se despiden con su canción vigésima quinta  llamada “La Canción del Pirata”. Con esta canción cerraron la noche, con toda la potencia metálica y sinfónica de aquella versión de este tema más antigua.

 

 

Escrito por: Pamela Seguel

Fotografía: Tamara Matus

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